Las cosas compartidas, ¿duran menos?

En este post vamos a centrarnos exclusivamente en el beneficio económico de compartir. Y como ejemplo, voy a coger uno de los electrodomésticos más comunes: la lavadora.
La lavadora, junto a la secadora, son candidatas ideales para ser compartidas.
Aunque, desde luego, dependemos en gran medida de los arquitectos para que diseñen edificios con zonas comunes, y esto ya será objeto de un futuro artículo.

En casa ponemos unas 5 o 6 lavadoras por semana. La tenemos desde hace 7 años, por lo que no soy muy optimista respecto a su futuro: pongamos que funcionará durante un año más y que, para entonces, habrá hecho unos 2000 lavados.
No conozco los hábitos de nuestros vecinos de la puerta de enfrente pero supongamos que son similares a los nuestros.
Así las cosas, una lavadora compartida trabajaría unas 10 veces por semana.
Si trabaja el doble, ¿durará la mitad?
Es decir, ¿la jubilaremos a los 4 años o superará los 2000 lavados?Yo creo que se reducirá su tiempo de vida pero no en la misma proporción que el incremento de lavados. El uso afecta al desgaste de un electrodoméstico pero también lo hace el paso del tiempo por poco uso que le demos. Así, los plásticos de los cajones para el detergente y las juntas envejecen, se fragilizan y se agrietan. La cal se depositará en las paredes interiores aunque, a decir verdad, no tengo muy claro que esto no pase proporcionalmente al número de lavados. Los anuncios que he visto desde mi niñez del conocido producto antical no eran tan didácticos

En resumen, una lavadora compartida entre dos familias tiene que hacer, seguro, el doble de lavados pero no por ello durará la mitad de tiempo.
Es decir, con dos lavadoras de unos 400€ podremos hacer 4000 lavados en 8 años.
A igualdad de lavados, una única lavadora compartida durará 4 años por lo que el ahorro es nulo.
Si, tal como sostengo, el envejecimiento pesa más que el desgaste, esa lavadora podría durar unos 5 años en los que habría hecho 2500 lavados, un 25% que con un uso individual.

Además, si compartimos, podemos comprar mejores productos, más eficientes y duraderos.
Por lo que si compramos una lavadora un 25% más cara podemos esperar recuperar esa sobreinversión con una vida del producto más larga.

Otro factor a favor es que la eficiencia de las lavadoras mejora con cada generación.
Los electrodomésticos, pero en general cualquier producto, son sustituidos más a menudo por lo que los productos en uso son, en promedio, menos antiguos y más eficientes.

Permitidme que, para acabar y poder dar datos fiables, cambie de electrodoméstico.
En la oficina hemos compartido una cafetera de la marca que, para no hacer (mucha) propanganda diré, fue el regalo estrella de hace dos navidades.
La cafetera es un modelo doméstico y, de entre los domésticos, me atrevo a decir que el más barato. En unos meses ha preparado más de 4000 cafés.

Y ahí va la pregunta, ¿alguno de vosotros ha alcanzado o espera alcanzar semejante cifra con la de vuestra casa?

Imagen CC de alasdairnicol
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El coche de mi vecino

En nuestro primer post ya descubrimos que mi coche está aparcado el 94% del tiempo.
Si hubiera hecho los números con el de mi padre, el resultado ya sería escandaloso.
Para él, sería una opción interesante alquilar su coche a un particular.En los meses que llevo buscando información sobre el tema, encuentro que tengo muchas opciones para alquilar a mis vecinos si vivo en Estados Unidos o Canadá.
En cambio, parece que es más difícil si mis vecinos son de Barcelona o Madrid.
Pues bien, ya tenemos al menos un par de plataformas que lo hacen posible: Movomovo y Social Car.
Las dos afirman ser el primer servicio de alquiler de vehículos entre particulares en España. Para empezar, parece que una de las dos nos engaña.

Tanto si somos propietarios como si necesitamos un coche, tenemos que registrarnos siguiendo un proceso similar al de otros servicios ya presentados en I do like sharing por lo que ahora no entraremos a detallar.

En sus páginas web, incluso antes de registrarnos, podemos ver algunas ofertas realmente económicas como un Ford Fiesta de 2009 por sólo 35€/día o un Micra algo más antiguo pero al insuperable precio de 3€/día.

Para resaltar las diferencias, diremos que Movomovo parece una buena plataforma para facilitar el contacto entre usuarios. Los clasifica por un índice de confianza (Social trust rank) al estilo eBay. Los pagos/ cobros se hacen en efectivo en el momento de entregar el vehículo.
En lo negativo, no queda muy claro el tema del seguro. ¿Cubriría mi seguro los daños causados por otra persona?
Queda para el propietario el ejercicio de informarse acerca de la cobertura de su póliza.

Social Car va un paso más allá en este aspecto. Te asegura la cobertura porque te obliga a contratar el seguro con ellos.
No tengo ni idea de si los precios que ofrecen son competitivos  pero, aunque sea algo más caro que otros seguros. me parece la mejor forma de evitar sorpresas desagradables.
La forma de pago, también es diferente. Los movimientos se hacen con tarjeta de crédito y se abonan a los propietarios mensualmente.

En resumen, dos iniciativas muy interesantes para los que no quieran tener el coche aparcado en el garaje.
Y vosotros, ¿alquilaríais vuestro coche?
Quizás así os saldría gratis la revisión anual o, incluso, el alquiler de la plaza de párking.

Foto CC Lolita8

Compartir taxi

Recuerdo una tarde de primavera especialmente conflictiva en Paris. Yo llegaba en tren a la Gare Montparnasse y tenía que ir en metro hasta la Gare du Nord para coger otro tren.
Tenía tiempo de sobra de no ser porque los estudiantes parisinos decidieron liarla.
Con el metro cortado y los alrededores de la estación llenos de manifestantes, la cola de personas que, como yo, esperábamos un taxi, crecía y no avanzaba.
Al final, no perdí el tren, pero fue porque tres personas hacíamos el mismo recorrido y compartimos el taxi. En esa situación de apuro, nos organizamos para ir llenando taxis a destinos cercanos.

En Nueva York ha aparecido un servicio que permite a los usuarios que van a destinos cercanos compartir taxi. Aunque la idea aquí no es, necesariamente, llegar a tiempo a coger un tren sino que se pretende que ahorremos dinero a la vez que contribuimos a descongestionar el tráfico de las ciudades y a reducir la contaminación.

De momento sólo funciona en Nueva York y para usuarios de iphone pero creo que vale la pena presentarlo, por si algún emprendedor decide aplicarlo aquí.

La aplicación parece bastante sencilla.
Primero, introduces tu destino que se envía, junto con tu posición de GPS, al servidor del proveedor.
Estas dos posiciones, origen y destino, se cruzan con las rutas de otros usuarios que han solicitado el servicio, se determina la ruta y el programa te propone un compañero de viaje y un punto de recogida.
Si te parece bien, perfecto, pagarás aproximadamente la mitad de lo que te costaría a tí solo.
Si a) no te convence tu compañero o b) no te apetece andar ni una manzana para ir a buscar el taxi, siempre puedes pedir viajar sin compañía y pagar la tarifa completa.

Esta es la mitad de la historia, la que cuenta Weeels en su página web.
La otra mitad, tenemos que buscarla en la prensa.
¿Está funcionando el servicio? A medias.
El problema es que se necesita un cierto volumen de viajeros para que dos rutas coincidan en el tiempo. Dos años después de la creación de la empresa, sólo 3000 usuarios habían descargado la aplicación.
Es decir, que puedes pedir un taxi pero, normalmente, viajarás solo.
Otro problema es la (falta de) confianza en tu compañero de trayecto.
Recientemente, como podéis comprobar si entráis en su web, Weeels se está orientando a ofrece sus servicios a grupos cerrados como, por ejemplo, personas de una misma empresa que van al aeropuerto o estudiantes y personal docente que se desplaza de casa a un mismo centro de estudios. De esta forma, compartes viaje con pasajeros conocidos y, de paso, se contribuye a aumentar el volumen total de pasajeros. Dos pájaros de un tiro.

Lo dicho, ¿algún emprendedor para desarrollarlo en Barcelona?
Y ya que se pone, que haga la aplicación para Blackberry 🙂

Imagen CC Sara Muñoz Hermoso

¿Y si en vez de un taladro me prestas tus ahorros?

Los dos tipos de préstamo han funcionado desde siempre entre amigos y familiares. Y lo hacen porque en esos círculos de confianza, el riesgo de perder lo prestado está controlado.
En el artículo anterior ya presentamos un modelo de préstamo de bienes basado en utilizar artículos que están criando polvo, o no, en el trastero de alguien.

En el post de hoy le toca al préstamo de dinero.¡Sí! también existe.
La idea es parecida, usar el dinero que otro no está usando. Espera. ¿Alguien tiene dinero y no lo está utilizando?

Saltemos cuatro años atrás. Estamos en 2007 y hemos entrado oficialmente en recesión, los bancos no dan préstamos ni inspiran confianza.
Se dieron las condiciones para que apareciera el préstamo social (del inglés social lending).

Un banco:

  • consigue dinero de clientes que quieren ahorrar, pagándoles una tasa de interés de captación,
  • presta dinero a quien lo necesita, cobrándoles una tasa de interés de colocación,
  • gana la diferencia entre ambas tasas: margen de intermediación.
A ese margen, obviamente, hay que restarles todos los gastos de la entidad. Y aquí es donde aparecen las empresas de préstamo social que, sin oficinas ni publicidad, reducen sus gastos a unos niveles que les permiten obtener beneficios pese a pagar tasas de captación más altas y a cobrar tasas de colocación inferiores a las entidades bancarias tradicionales.
Evidentemente, el modelo está limitado: en la medida que estas empresas crecen, también lo hacen sus costes y, por tanto, tienen que ampliar el margen de intermediación.
En resumen, hemos cambiado un banco por otro.Encontramos ejemplos en todo el mundo: USA, Reino Unido, Italia, Japón y, también en España.
Podemos encontrar préstamos directos (una persona presta a otra) o indirectos (un grupo de personas presta a una persona).
En los préstamos directos, conoces el proyecto y puedes conocer a la persona y decidir si prestar o no.
En los indirectos, se minimiza el riesgo ya que los préstamos se trocean. Pero esto ya empieza a sonar peligrosamente a una canción conocida: los paquetes de hipotecas subprime.

En la red podéis encontrar muchísima información de estos servicios, las razones por las qué triunfan donde triunfan y por qué no donde no.
Sólo querríamos destacar un par de variantes que se alejan del concepto de préstamo tradicional: Kiva y Kickstarter.

Kiva es un sitio de microfinanción a proyectos en países en vía de desarrollo. El modelo es una reinterpretación del Banco Grameen. Una vez más, como en otros servicios presentados en I do like sharing, la potencialidad de la red se une a un concepto ya existente.
En este caso, puedes hacer un préstamo a partir de 25$. Afortundamente, nosotros no podemos acceder a estos créditos por lo que nuestra intervención está del lado de los que prestan.
Los réditos que obtenemos no son monetarios, recuperaras el dinero que has prestado sin intereses, pero habrás contribuido a mejorar notablemente la vida de una familia.

Por otro lado, Kickstarter es una plataforma de financiación de nuevos proyectos. Aquí, como en Kiva, un grupo de personas financian un proyecto. En este caso, no recuperas el dinero sino que obtienes algún producto, servicio o experiencia relacionado con el proyecto. Típicamente, un producto a menor precio del que después tendrá en la calle, una camiseta con el logo del proyecto o empresa, una invitación al preestreno de una película, etc.

En España tenemos Lanzanos, que es un portal con idénticos objetivos y funcionamiento.

¿Prestaríais dinero a un agricultor de Puno? ¿y a un organizador de un festival de teatro?
¿Recurriríais a estos servicios para financiar vuestros proyectos?

Foto CC Kenteegardin

NeighborGoods

No, no es una falta de ortografía, es un juego de palabras: vecinos que comparten sus bienes. La idea de partida es sencilla y ha funcionado desde hace miles de años: un miembro de la comunidad tiene un objeto que yo necesito y, a diferencia del car-sharing, aquí sí, me lo presta.

El servicio nació hace ya 2 años en California, se extendió a todos los Estados Unidos en Junio de 2010 y, recientemente, a todo el mundo. O al menos potencialmente.
A fecha de hoy, sólo somos 5 usuarios registrados en Barcelona compartiendo una escalera de mano valorada en 30€. No mucho la verdad.

Quizás si explicamos un poco cómo funciona podamos, modestamente, ayudar a su consolidación.

Ya sabéis como funciona entre amigos, familiares o vecinos: mi padre me presta un taladro, un amigo me deja una sillita para el coche porque vienen unos amigos con bebé a pasar una semana desde Alemania, la vecina de enfrente me presta el desatascador, etc.

La potencia de NeighborGoods es que tu círculo de vecinos puede multiplicarse (aunque Barcelona, repito, no sea el mejor ejemplo).
Te registras fácilmente, como con cualquier plataforma social, con un nombre de usuario y una contraseña. Específica para NeighborGoods o vía Twitter o Facebook. Detallas dónde vives y ya ves a tus “vecinos” a su “trastero virtual”.

A estas alturas algunos os estaréis preguntando si vuestros nuevos vecinos virtuales son de fiar.
Si conocéis eBay o Amazon ya estaréis familiarizados con las valoraciones que los usuarios hacen de sus vendedores. Pues aquí, algo parecido. Tras prestar un objeto a alguien, valoras con estrellas. 3, si te lo ha devuelto intacto,1 si ¿qué has hecho con esto que te dejé? sustituye a la formula de cortesía que prefieras para saludar.
Adicionalmente, NeighborGoods ha ideado un sistema de verificación opcional. Pagando 4,99$ (vía Paypal) te envían un kit de bienvenida con un código de verificación que debes introducir con tus datos personales (dirección postal y otros datos). Vamos, un “que sé dónde vives” versión 2.0.

Y seguimos. Verificados o no, ya podemos empezar a virtualizar nuestro trastero. Para cada objeto  se nos pedirá una descripción (mejor si es una foto), el estado y una valoración orientativa de su valor en una tienda.
Igualmente podemos anunciar si necesitamos algún objeto en particular.
A medida que prestas y te prestan, un indicador te recuerda cuánto te has ahorrado y cuánto, tus vecinos gracias a ti.
Ya que los 5 dólares de la verificación no dan para muchas alegrías, supongo que en el futuro aparecerán versiones premium que ofrezcan servicios adicionales a cambio de cobrarte un pequeño porcentaje de lo ahorrado.

Desde siempre se ha resaltado lo impersonal de las ciudades donde apenas conoces a los vecinos (reales) frente a las ventajas de vivir en un pueblo donde, dicen todos se ayudan.
No entraré a cuestionar tales afirmaciones.
NeighborGoods aprovecha las ventajas de la red para ponernos en contacto con gente de nuestro alrededor. ¿Por qué no pensar que tras tres intercambios, para el cuarto tomemos un café?

¿Qué os parece? ¿Alguien se apunta?

¿Para qué queréis un coche?

Foto de Vincent Desjardins con licencia CC

De momento me falta el tiempo y el conocimiento de Tim Harford o de Steven Levitt para meterme en bases de datos y aportar números fiables pero, así a ojo, diría que el estado habitual de un coche es aparcado.

Si pienso en el mío, por ejemplo, disfruta del movimiento una hora y media al día  de lunes a jueves y si hay algo de tráfico, un poco más los viernes para ir a hacer la compra semanal, y algo entre cero y tres horas los fines de semana.

Pongamos, una hora y media al día, siete días, 10h30 a la semana o, en términos relativos, un escaso 6% del tiempo.

El resto del tiempo está aparcado: en casa casi el 60%, en la oficina cerca del 30% y un 5% en centros comerciales, parques y zonas azules varias.

El 60% de un mes es tanto como 400h. Visto así, aparcar en casa me cuesta más de 3€ al día. Pero dentro de la lógica del artículo, no debo renunciar a mi plaza de aparcamiento ya que la utilizo 10 veces más que el coche así que volvamos al vehículo.

Estos datos corresponden a una semana típica, de las que habrá unas 48 al año y en la que hago unos 260km, es decir, 12500km.

En vacaciones, últimamente, utilizamos el coche y podemos recorrer unos 2000km (ir y volver a Asturias, ir y volver a la Vall d’Aran, por ejemplo). Y esto cuadra casi perfecto con los 15000km/año que hago en realidad.

Mi coche tiene 4 años y 8 meses y llevó 72000km. Haced el número.

Es decir, que el dato del 6% es correcto para 48 semanas al año y que sólo hago un uso más intensivo del coche durante 4 semanas de vacaciones.

Descubrir que durante el 94% del tiempo tienes tu “inversión” aparcada da qué pensar e invita a buscar fórmulas alternativas a tener un coche. Y para buscar alternativas, nada como olvidarse de los kilómetros y las horas y pasarnos a los euros.

Puedo suponer que voy a tener el coche durante 6 años y que, pasado ese tiempo, podré venderlo y recuperar el 25% del valor de compra. Para un vehículo de unos 24000€, con sus revisiones, cambios de neumáticos, seguro, plaza de parking y otros gastos, el importe total desembolsado es de 45000€, unos 20€/día, 600€/mes o 7300€/año.

Los, en mi opinión mal llamados, car sharing

Y digo mal llamados porque no compartes nada: pagas por alquilar un coche que pertenece a una empresa o a otra.

Salvo por la posibilidad de alquilarlo por horas, no supone un gran cambio con respecto al alquiler de coches convencional y, de hecho, encontramos a un proveedor que ofrece ambos servicios.

Hacerse socio es o gratis o suficientemente barato como para que no suponga un freno. Entiendo por suficientemente barato una cuota equivalente al alquiler de un día.

Una vez registrado, puedes alquilar el coche por horas, a partir de 4,5 € por hora, o días completos, pagando un máximo de horas por día. El combustible está incluido y los kilómetros se facturan entorno a 0,30 € a partir de un número incluido en la tasa diaria.

Para un vehículo utilitario al que le hiciera los 40km que hago al día, pagaría 45€/día.

Ya he escrito antes que con mi coche de propiedad tengo que desembolsar casi 7300€/año, lo use o no. Con ese dinero, puedes pagar 160 días del servicio car sharing, 13 días al mes.

Yo uso el coche 6 o 7 días por semana y para desplazarme a un polígono del Vallès (es decir, puedo coger un coche de car sharing cerca de casa pero no tengo forma de devolverlo hasta la noche) por lo que no es una opción económicamente interesante.

En cambio, para los que utilicen el vehículo sólo los fines de semana, ésta es una muy buena opción. Esta formula resulta también ventajosa para el usuario que vea satisfechas sus necesidades con 1600h anuales o 30h semanales.

Al margen del análisis económico, estos proveedores de servicio se suman al carro de venderse como respetuosos con el medio ambiente. Y unos lo hacen con mejor fortuna que otros.

Algunos afirman que mediante este servicio las emisiones se reducen porque sólo usas el coche cuando lo necesitas. Eso es tanto como decir que los propietarios de coches se dedican a dar vueltas sin necesidad: puede llegar a ser cierto que un coche matriculado para ser utilizado bajo la fórmula del car sharing evite que hasta diez particulares adquieran un coche, ahora bien, la reducción de vehículos circulando no es tan impactante.

El hecho de no tener el coche esperándonos en el garaje de casa y tener que desplazarnos para recogerlo hace que la opción de conducir sea menos atractiva frente al transporte público, la bicicleta o andar y resulta en una utilización del vehículo de hasta un 30% menos.

Los beneficios medioambientales, además, se basan en la mayor eficiencia de los vehículos que integran las flotas de car sharing.

El car-pooling (o van-pooling que es lo mismo pero más grande)

Para seguir con los anglicismos, car pooling es el autostop 2.0. Existen unas páginas web específicas en las que los conductores ofrecen un trayecto y a una determinada hora, mientras que los pasajeros buscan entre la oferta si hay alguien que haga su ruta. Si hay coincidencia, se acuerda el precio y el resto de detalles.

Podemos encontrar tanto un viaje de 1000km para recorrer la península e ir a un concierto de rock como el trayecto diario al trabajo.

Aquí no está tan claro el coste de esta opción, por lo que se hace difícil compararla. Y sin embargo, puede ser una de las opciones más habituales.

Durante años he compartido la gasolina con uno o dos compañeros de oficina.

Aquí, mantienes el gasto de adquisición del vehículo, el alquiler del garaje y el seguro, pero reduces la factura de la gasolina y del mantenimiento.

Car sharing + Van pooling

Para acabar, vamos a combinar el car sharing con el van pooling: alquilar un coche de gran capacidad entre varias personas de un mismo centro de trabajo.

Por ejemplo, alquilar un monovolumen con capacidad para que 7 personas hagan un trayecto de 50km (suponiendo 10km extras a los 40 para ir a recoger a todos los pasajeros) costaría unos 70€. Es decr, 10€ por persona si conseguimos llenar el coche, 14€ si somos 5.

Así, pensando en que somos 5 personas, pagaríamos unos 300€ mensuales. La mitad que por tener coche.

Además, hay empresas que subvencionan estas iniciativas. No entraremos aquí en sus motivos para hacerlo o no.